Share on whatsapp
Share on facebook
Share on twitter
Share on tumblr
Share on email

Samantha Herrera

Gracias a la proliferación de reality shows relacionados a la industria del tatuaje, a la par de su exaltación en las redes sociales, el fenómeno de la tinta ha ido incrustándose cada vez más en la sociedad actual.

Inspirada por Miami Ink, Samantha Herrera tuvo el sueño de ser tatuadora a los 15 años. Más allá de recibir una desaprobación por parte de su familia, fue su padre quien le consiguió las máquinas prestadas con un amigo suyo.

Con talento para la pintura, la práctica de esta adolescente fue corta, “pasé de tatuar unas tres naranjas y un melón a tatuar a mi primo”, comentó la artista. Aunque quiso explorar muy joven este arte, desde muy temprano fue consciente de sus limitaciones artísticas, “en ese momento no iba a hacer un tatuaje de realismo, uno debe saber qué puede o no hacer”, acotó.

 

Estilo

Samantha ve el tatuaje como una forma de embellecerse; como un adorno. Por ello, su estilo se ha convertido en una sólida combinación entre lo ornamental y la botánica, pero esta santiaguina no se cierra a ningún estilo; en algunas ocasiones practica el puntillismo. Según prevé, la tecnología del tatuaje irá mejorando cada vez más y con ello la capacidad del artistas de crear nuevas tendencias.

 

Insumos

Herrera hizo la “necesaria” transición de una máquina de bobina a una Cheyenne. Para ella, las rotativas son menos agresiva con la piel y por su estilo ameritaba ese cambio.

Al ver la obra de esta artista, es fácil percibir que esos delicados trazos son hechos con una aguja fina. Aunque en el pasado solía ocupar una 3 round liner, esta artista se ha enfocado en crear elegantes líneas con una 1RL, y hasta se atreve a crear sombras con esta medida.

Igual de homogéneo que su catálogo de agujas, Samantha se limita al black & gray y su mejor munición siempre es la tinta Dynamic, porque para ella “tiene buena cicatrización y perdura con el tiempo”.

 

Primeros pasos

Ilusa, una Samantha adolescente buscó ser aprendiz en uno de los estudios más populares de Santiago para encontrarse con un rotundo no. Ante la negativa la tatuadora dijo sentirse profundamente afectada, pero ese episodio y el apoyo de su familia solo la motivó a continuar por el camino de los autodidactas. Desde entonces, dice haber encontrado maestros en los colegas tatuadores que se ha encontrado en su camino como artista de la tinta.

Desde los 15 años Herrera ya estaba marcando pieles, pero fue apenas cuando tuvo la mayoría de edad que decidió hacerse su primer tatuaje.  Aunque en la actualidad el tatuaje representa todo para ella, la espera no valió la pena porque aún se arrepiente, “son unos pajaritos, encima rojos”, recalcó.

 

“Con el trabajo uno se hace respetar”

Mirando hacia atrás, dice sentirse satisfecha por haber trascendido de tatuar en su casa hace diez años, a montar su propio estudio en la capital chilena. Aunque requiere tiempo, paciencia, y mucho trabajo, el tatuaje puede rendir buenos frutos. Y ha sido la calidad de su trazo y su dedicación lo que mantiene ocupada la agenda de la también pedagoga en artes.

En cuanto a las convenciones y su participación, Samantha cree que aunque son aparatosas porque requieren trasladar todo el equipo y ser riguroso con la organización, disfruta mucho  el contacto con el público: allí uno siente realmente la calidez de quienes te siguen, comentó la artista.

De Chile, espera que el nivel siga subiendo y el tatuaje se vea de una forma cada vez más profesional. Y para quienes deseen comenzar en esta industria: denle no más.

Para ver la galería de Samantha, haz click aquí